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Viajar
a lejanas tierras es una experiencia de Vida no es un lujo, es
algo que debe ser considerado por las personas que luchan por la
superación personal y la de sus pueblos.
Viajar
es ampliar el conocimiento en cada segundo, es leer muchos libros
a la vez con una sola mirada, es recibir un curso intensivo en las
ciencias de la Historia.
Viajar
aumenta el suspiro de una vida mejor al observar lo que el pasado
aportó para el futuro.
Y
realizar un viaje a la Tierra de Israel, es darle vuelta a
las páginas de las Sagradas Escrituras, cobrando vida las escenas
bíblicas, al sentir la tibieza, el calor o el frío propio del
lugar en que los personajes bíblicos desarrollaran la historia,
mirando el conjunto de colores que conforma el panorama permitiéndole
a la imaginación revivir los grandes y portentosos hechos de
Dios.
Y
al estar en JERUSALEN, el espíritu recibe su beneficio al
regocijarse en el Señor al palpar en todo su ambiente, el lugar
escogido por Dios, como lo es el Monte de la Redención. No siendo
piedras muertas y montón de ruinas, sino testigos vivos de lo que
allí ocurrió. El Rey Salomón profetizó que de lejanas
tierras estarían en Jerusalén.
“Y
también al extranjero que no fuere de tu pueblo Israel, que
hubiere venido de lejanas tierras a causa de tu gran nombre y de
tu mano poderosa, y de tu brazo extendido, si viniere y orare
hacia esta casa, tú oirás desde los cielos, desde el lugar de tu
morada, y harás conforme a todas las cosas por las cuales hubiere
clamado a ti el extranjero; para que todos los pueblos de la
tierra conozcan tu nombre, y te teman así como tu pueblo Israel,
y sepan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo he
edificado.”
II Crónicas 6:32,33.
Viajar
a Israel es cumplir la profecía en su propia vida convirtiéndose
en una joya inestimable esculpida exclusivamente para usted,
engasada en su corazón cuyo valor no se puede calcular que nadie
más que usted podrá portar en su interior, donde ningún ladrón
podrá robar.
Viajar es pues,
una buena inversión
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